

Llevas meses contando los días para este viaje y lo último que quieres es pasarte el primer día entero durmiendo en la hamaca mientras el resto del grupo ya está en el mar. El jet lag existe, es real, pero se puede minimizar bastante si sabes jugar bien tus cartas antes, durante y después del vuelo.
Entre España y el Caribe hay unas 6 horas de diferencia (algo menos con Canarias). Tu cuerpo tiene un reloj interno, el ritmo circadiano, que regula cuándo te entra sueño y cuándo te despiertas según la luz del sol. Cuando cruzas varias zonas horarias de golpe, ese reloj se queda descolocado: te entra sueño a media tarde, te despiertas de madrugada sin motivo y cuesta concentrarte o hasta hacer la digestión con normalidad. Es el jet lag, y cuantos más husos horarios cruces, más se nota.
Hay una regla que repiten todos los expertos en sueño: viajar hacia el oeste es más llevadero que hacia el este. Al ir hacia Punta Cana o Riviera Maya, tu día se alarga en vez de acortarse, y el cuerpo humano está biológicamente predispuesto a aguantar despierto un poco más de lo normal antes que a madrugar de golpe. Traducido: la ida os va a costar menos de lo que pensáis. El palo real llega a la vuelta, y de eso hablamos más abajo.
Si puedes, los dos o tres días previos al vuelo intenta acostarte y levantarte un poco más tarde de lo habitual, acercándote poco a poco al horario de destino. No hace falta que sea drástico, con adelantar o retrasar la rutina un ratito cada día el cerebro empieza a hacer el cambio antes de despegar. Aprovecha también para dormir bien esas noches: llegar ya cansado de la despedida de la última semana de exámenes no ayuda nada.
En cuanto subas al avión, cambia el reloj del móvil a la hora de destino y empieza a actuar como si ya estuvieras allí: si en Punta Cana es de noche, intenta dormir; si es de día, mantente despierto. Bebe agua con frecuencia, porque la deshidratación del avión agrava los síntomas del jet lag, y modera el alcohol y el café, sobre todo en las horas antes de intentar dormir. Una almohada de cuello, un antifaz y tapones ayudan más de lo que parece en un vuelo largo.
Aquí está la clave de todo, y es donde más se nota la diferencia entre pasar el primer día grogui o directamente disfrutando: sigue el horario local desde el minuto uno. Come cuando toque comer allí, aunque tu estómago diga otra cosa, y acuéstate a la hora local aunque te entre sueño antes. Evita las siestas largas los primeros días, porque retrasan la adaptación; si necesitas descansar, que sea algo corto, de 20 a 30 minutos como mucho.
La luz del sol es tu mejor aliada. Sal a la piscina o a la playa por la mañana y por la tarde, camina descalzo por la arena, deja que la luz natural le mande a tu cerebro la señal de que ya estás en otro huso horario. Cuanto más tiempo pases al aire libre esos primeros días, antes se resincroniza tu reloj interno.
Aquí es donde muchos se llevan la sorpresa. Al volver, viajas hacia el este, y esa dirección sí cuesta más porque el cuerpo tiene que adelantar el reloj en vez de retrasarlo. Si puedes, no programes exámenes ni entregas importantes para el día siguiente de aterrizar: dale al cuerpo al menos una jornada de margen antes de exigirle rendir al cien por cien.
Con esto en la mochila, el único jet lag que te va a quedar es el de las ganas de volver al Caribe en cuanto pises el aeropuerto de vuelta.

